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Amples Regiani

Por Robert Brockmann

Gordon Gekko, legendario personaje de la película Wall Street (1987), lanza, en determinado momento, una sentencia que se volvería parte de la cultura popular:


“La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena"


En 2018, Amples Regiani va más lejos: El odio es bueno. ¿Qué? ¿El odio? Podemos entender la codicia, incluso la envidia, como motores para el progreso y la autosuperación. Pero, ¿¡el odio!? Momentito. Pongámonos un instante en los zapatos de Regiani e intentemos comprender su concepto de “odio”.

 

En Occidente tendemos a pensar, sin reflexionar, que el odio es lo contrario del amor. Pero no es así. Lo contrario del amor es la indiferencia (es posible que incluso esté en la Biblia). Y la indiferencia —uno de sus sinónimos es indolencia— es dejar morir por falta de interés. Dejar morir personas, proyectos, ambiciones, aspiraciones, amén de animales, plantas, selvas, mares, especies, pueblos, etc. La indiferencia mata. 


Pensemos, entonces, en el concepto de “odio” que tiene Regiani: su odio no es el deseo de hacer daño, ni de matar. El odio de Regiani es detestar una idea, una imagen, un preconcepto, un prejuicio de terceros, hacia nosotros mismos. El odio de Regiani es odiar que nos subestimen.

 

Que “alguien” nos subestime, sea una persona o sea la sociedad. Es odiar estar en una posición subalterna porque alguien supone que ese es nuestro lugar en la sociedad. 


Y el odio de Regiani es lo que hace que nos hierva la sangre lo suficiente para motivarnos a salir de esa situación de inferioridad; es lo que nos impulsa a superarnos y alcanzar nuevas metas y nuevas alturas. Se podría decir que el odio de Regiani es, a falta de una palabra mejor, bueno.

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EDITOR

Pablo Jove Díaz

Dicen que hay que hacer tres cosas en la vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.

 

Pues bien. Hasta donde sé no tengo hijo alguno, no recuerdo haber plantado un árbol ni he escrito ningún libro. 

Pero El Poder del Odio fue la gran oportunidad para mí de acercarme al mundo editorial.

 

Lo que tengo claro es que quiero hacer las tres cosas, porque son cosas que aún me falta hacer.

 

Lo que no me falta es otro tipo de experiencias. A los 8 años el Papa me dio la Comunión en el Vaticano. Mi primer trabajo remunerado fue manejando la imagen de deportistas profesionales como Pau Gasol o Miguel Indurain. He salido de gira con El Canto del Loco. He trabajado en asuntos políticos en Washington DC y he hecho de cobaya humana probando medicamentos.

 

Desde hace años trabajo en agencias de publicidad. Quizás en demasiadas, por lo que he trabajado para un 70% de los clientes cuyos logos veo por la calle.

Por este trabajo junto a mis compañeros he sido premiado en festivales nacionales e internacionales (esto lo pongo porque lo ponen todos los creativos de publicidad que conozco). 

 

Nunca fui jurado de ningún festival publicitario.

De momento. Hasta ahora tampoco había editado un libro...

The Power of Hate & El Poder del Odio

Más información contacto@elpoderdelodio.com

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